“En mi vida, al igual que en mi obra, el azar y la suerte juegan un gran papel”
Madrid se viste hoy de verano. A pesar de ser las 11 de la mañana, el centro de la ciudad emerge en su diario bullicio. Llevo apenas unos minutos esperando en la puerta verde con aroma a pastelería, cuando oigo un ¿Rocío? que me resulta familiar. Su voz sonríe casi tanto como él, desprende esa fragancia especial de quienes son naturales sin buscarlo, de quienes no se dejan ensombrecer por un nombre conocido o por la fama. Tras su segundo café solo de la mañana, con la mirada más despierta y brillante si cabe, me guía hacia su lugar de trabajo a través de los peldaños de madera que se estremecen a cada paso. El estudio de Sean Mackaoui es algo así como un enorme collage de paredes blancas, techos altos y grandes ventanales que permiten que la luz inunde la estancia. Al igual que las obras de este artista anglolibanés nacido en Suiza (Lausana, 1969) y afincado en Madrid, su estudio es un espacio en blanco plagado de recortes de aquí y de allá, de pedazos de un mundo propio a los que sus manos dan vida.
A punto de inaugurar la exposición “A tres bandas. Poesía visual. Brossa-Madoz-Mackaoui” en Formentera, que podrá disfrutarse en la isla desde el 1 de junio hasta el 3 de julio, Sean me recibe con una sonrisa en los labios. A pesar de que el teléfono suena varias veces a lo largo de la mañana, parece no tener prisa. Al conversar con él veo qué hay de Sean Mackaoui en cada una de sus obras: un gran sentido del humor y algo de ironía ante la vida, una vida en la que él mismo reconoce haber tenido mucha suerte.
Pregunta: Vino a España con la intención de quedarse uno o dos años y ya lleva aquí más de quince. ¿Qué es lo que tanto le atrae de este país?
Respuesta: Creo que me encontré en España, o España me ha ido encontrando a mí. Cada persona se siente más libre fuera de su entorno. Cuando yo llegué aquí era libre para encontrar a Sean Mackaoui. No tenía testigos mirando constantemente, metiendo la nariz en lo que hacía…Tampoco me pasaba en Inglaterra, pero quizá sí me sentía más observado y me resultaba más difícil soltarse. Aquí vine, me busqué la vida y no tenía que justificar nada ante nadie. Podía empezar desde cero y deshacerme, en cierto modo, de mis raíces. Era más libre. Y creo que es una cosa que cada persona tiene que hacer porque a veces, la familia y las amistades, que son cosas muy importantes, te atrapan, y no te permiten darte el lujo de escapar, porque estás atado. Sin embargo, cuando estás lejos de todo, si quieres, puedes ser mucho más libre y encontrarte. Por eso vine a España para un par de años y me di cuenta de que estando lejos de la familia y pasándolo muy bien, porque me encontré con gente muy importante aquí, o muy importante para mí, al menos, podía ser yo mismo. Poco a poco fue pasando el tiempo mientras me decía a mí mismo “me quedo un año más”. Un años más, un año más…y este año cumplo aquí 18 años.
P: Y no tiene intención de marcharse…
R: ¡Ah, no, no! Nunca hay que decir nunca, porque cuando lo digo, yo, personalmente, lo hago. Pero si salgo de España no será porque no me guste, sino porque hay otra oportunidad en otro lugar. Pero me gusta mucho España…me encanta (Risas).
P: Cuando se le pregunta por sus héroes de la vida real siempre contesta que son Joan Brossa y Diego Lara. ¿Qué es lo que encuentra tan fascinante en sus obras?
R: Son los maestros para mí. Siempre digo que yo hacía collage pero no entendía cosas como el espacio en blanco o la ironía y aprendí mucho acerca de la sobriedad del espacio con ellos. Era tan sencillo que cuando vi un collage de Diego Lara pensé: “Si él puede hacerlo, yo también”. Antes no me entraba en la cabeza que pudiese hacerse algo tan simple y expresar tanto con ello. Yo he ido aprendiendo por el camino, porque nunca estudié nada, y a lo largo de mi vida he ido encontrando gente que me gusta y de la que he ido chupando ideas. Y Brossa y Lara han sido para mí unos grandes maestros, he aprendido de ellos. El próximo mes de junio voy a hacer una exposición colectiva con Brossa y Madoz en Formentera. Es un gran lujo poder exponer con ellos, con Chema Madoz, que es amigo mío, y con las obras de Joan Brossa. Para mí hacer por fin una exposición con ellos es como un sueño hecho realidad. La sencillez de las obras de Brossa me encanta. Dice tanto con tan poco…esto es lo que me fascina.
Mis primeros collages estaban muy cargados, y cuando vi la obra de Diego Lara y Joan Brossa aprendí que se puede decir más con mucho menos, y creo que es más difícil, pero bueno, eso ya es mi opinión… (Risas).
P: Joan Brossa decía que “La poesía visual no es un dibujo ni una pintura, sino un servicio a la comunicación”. ¿Qué comunican sus obras?
Cada obra tiene una historia. No hay un ángulo concreto: cada collage tiene su propio ángulo. Lo que a mí me fascina de lo que hago es que casi siempre hay una imagen muy sencilla compuesta por dos o tres imágenes y un título que suele ser puntual. Pero a pesar de que trato de hacer collages de una sola lectura, es decir, desde un determinado y único punto de vista, cada persona ve cosas muy diferentes. Me parece alucinante que en una cosa tan sencilla, con un título, la gente aún así vea cosas muy diferentes. Pero eso me encanta y a veces lo utilizo a mi favor, porque en ocasiones hago un collage que entiendo pero con el que no puedo ser muy específico. Es como que entiendo el concepto pero… le pongo un título y pienso “¡Ah, da igual! Alguien me lo va a explicar”. Y cuando lo vean, una persona me dirá: “Ah, esta obra se titula así porque…” y yo diré “Pues sí” (Risas). Cada collage tiene su historia. Para mí una exposición es como un libro, y cada collage es como un cuento independiente. Si hay, en una misma exposición, tres collages que tienen que ver con el agua, es suerte. Si hay seis que tienen que ver con un barco, es pura suerte. Es decir, no hago series, porque yo no suelo pensar en lo que voy a hacer, son las imágenes las que me lo dicen. Empiezo a jugar y voy rebotando de una idea a otra dependiendo de lo que surge cuando estoy jugando con las imágenes. El azar es algo que me gusta mucho.
P: ¿Qué hay de Sean Mackaoui en cada una de sus obras?
Un poquito de mala ostia, tal vez un poquito de humor… (Risas) No, realmente busco inspiración en todo lo que me rodea. Música, una portada de un libro, un disco, un título, una cita, incluso recortes que encuentro por azar…hay mucho azar en toda mi obra. Por ejemplo, hay una canción de Kayne West que me encanta. Y estaba haciendo un collage mientras escuchaba esta canción. El título más obvio hubiese sido Cars and girls, pero me parece más divertido poner títulos más abiertos para que cada persona busque en el collage su propia historia. Entonces, escuché una frase de la canción que decía Ride on chrome , y en lugar de llamarlo Carls and girls lo titulé Ride on chrome. No sé, robo de todos los sitios. Las cosas son mucho más casuales, hay menos intelecto en mis obras de lo que tal vez pueda parecer (Risas). Voy robando de todos los sitios. Hay un collage que me gusta mucho titulado “Hollywood is a verb”, que es de un libro de Ed Ruscha, que es sólo de litografía con textos que él mismo ha escuchado tal vez en una cafetería. Como conozco Los Ángeles y me parece muy divertido, pensé que sería perfecto titular a un collage así. Aquí sí empecé con el título, quería decir que Hollywood is a verb. En Hollywood todos quieren ser actores, artistas, es un mundo súper guapo…y el collage fue una excusa perfecta para poner a una mujer en pelotas (Risas). Las cosas van surgiendo a medida que voy trabajando.
P: ¿Cree en el poder redentor del arte?
Sí, supongo. El arte es mi terapia en el sentido de que hago lo que me gusta casi todo el día, incluso el 50% de mi tiempo. No me saco los demonios ni echo veneno cuando estoy trabajando pero sí hay obras más ácidas o que con las que trato de denunciar algo. Como soy medio árabe, hay collages contra la religión o contra la guerra, pero mi trabajo es un modo más de expresarlo, como un escritor puede plasmarlo por escrito. Si realmente el arte es una terapia, para mí es la terapia de la felicidad, porque estoy haciendo lo que realmente quiero hacer y eso, hoy en día, es muy difícil.
P: ¿Qué siente cuando ve una obra suya terminada?
R: ¡Menos mal! (Risas) Casi siempre cuando termino una obra pienso que es la ostia. Veinticuatro horas después la mitad de lo que he hecho ya no vale. Después de una semana, va perdiendo valor. Es muy inusual que seis meses después una obra me siga gustando. Casi siempre cuando terminas una obra piensas ¡Buah, qué bueno!. No siempre pasa, hay algunas obras con las que únicamente sientes que has sido capaz de expresar o de contar algo. Como yo lo que realmente hago con mi trabajo es casar elementos muy diversos, a veces sale bien y otras veces…no tanto. Con los collages en papel no suelo pasar mucho tiempo. Después de dos o tres horas si no veo nada me aburro y lo dejo. Con los objetos es diferente, tiene que pasar más tiempo para empezar a ver resultados. En el collage no hay misterio para mí, es lo que hago. Es recortar y pegar. Y ya está.
P: ¿Cómo es un día normal en la vida de Sean Mackaoui?
R: Bueno, últimamente si es más normal, con una niña hay que tener un poquito más de orden… Soy una persona muy organizada, me gusta el orden, así que para trabajar vengo al estudio, en casa no tengo nada que hacer. No sé, tengo una vida normal, como la de cualquier otra persona: me levanto, me ducho, vengo al trabajo, hago mis horas y vuelvo a casa para estar con mi familia. Tal vez la gente piensa que la vida de un artista tiene algo de extraordinario, o que un artista es un alma torturada, que vive sufriendo en una esquina…no, yo soy muy normal y hago las cosas más normales del mundo.
Recortes de Sean Mackaoui
Si tuviese que poner título a una obra suya que resumiese, de algún modo, su trayectoria en el mundo del arte, ¿cuál sería?
Poner títulos es muy difícil porque con una palabra puedes decir tantas cosas. ..Tal vez le pondría “Sin título” (Risas), porque siento que no me encuentro ni en el principio, ni en el medio ni, por supuesto, en el final de mi carrera. Así que , sí, le pondría “Sin título”.
¿Qué obra de arte le hubiese gustado crear?
“Concert for Anarchy” (1990) de Rebecca Horn. Es un objeto que vi por casualidad en la Tate Modern de Londres. Se trata de un piano de cola colgado del techo hacia abajo que, cada 10 minutos, cae, la caja se abre y salen todas las piezas provocando un estruendo. Cuando empecé a hacer objetos lo hice muy inspirado por Rebecca Horn.
Si pudiese ser otra persona y volver a nacer, ¿quién sería?
Elvis Presley. (Risas)
¿Qué es lo que más satisfacción le produce?
Estar con mis chicas.
¿Qué es lo que más detesta?
El fanatismo de cualquier tipo.
¿Cuál es, en su opinión, el mejor sitio para vivir?
El mejor no sé, todos tienen sus cosas buenas y sus cosas malas pero desde luego Madrid es un sitio fantástico para vivir.
¿Cuál es su mayor hobby?
Recortar y pegar. (Risas)
El mayor de sus logros
Ser feliz.
¿Qué poder sobrenatural le gustaría tener?
Volar, porque me encanta viajar.
Su lema en la vida
Nunca digas nunca.
Rocío Rebollo Pérez. Mayo 2009









