Entrevista: Sean Mackaoui

•4 junio 2009 • Dejar un comentario

“En mi vida, al igual que en mi obra, el azar y la suerte juegan un gran papel”

 

 

Sean Mackaoui

Sean Mackaoui

Madrid se viste hoy de verano. A pesar de ser las 11 de la mañana, el centro de la ciudad emerge en su diario bullicio. Llevo apenas unos minutos esperando en la puerta verde con aroma a pastelería, cuando oigo un ¿Rocío? que me resulta familiar. Su voz sonríe casi tanto como él, desprende esa fragancia especial de quienes son naturales sin buscarlo, de quienes no se dejan ensombrecer por un nombre conocido o por la fama. Tras su segundo café solo de la mañana, con la mirada más despierta y brillante si cabe, me guía hacia su lugar de trabajo a través de los peldaños de madera que se estremecen a cada paso. El estudio de Sean Mackaoui es algo así como un enorme collage de paredes blancas, techos altos y grandes ventanales que permiten que la luz inunde la estancia. Al igual que las obras de este artista anglolibanés nacido en Suiza (Lausana, 1969) y afincado en Madrid, su estudio es un espacio en blanco plagado de recortes de aquí y de allá, de pedazos de un mundo propio a los que sus manos dan vida.

A punto de inaugurar la exposición “A tres bandas. Poesía visual. Brossa-Madoz-Mackaoui” en Formentera, que podrá disfrutarse en la isla desde el 1 de junio hasta el 3 de julio,  Sean me recibe con una sonrisa en los labios. A pesar de que el teléfono suena varias veces a lo largo de la mañana, parece no tener prisa. Al conversar con él veo qué hay de Sean Mackaoui en cada una de sus obras: un gran sentido del humor y algo de ironía ante la vida, una vida en la que él mismo reconoce haber tenido mucha suerte.

 

Pregunta: Vino a España con la intención de quedarse uno o dos años y ya lleva aquí más de quince. ¿Qué es lo que tanto le atrae de este país?

Respuesta: Creo que me encontré en España, o España me ha ido encontrando a mí. Cada persona se siente más libre fuera de su entorno. Cuando yo llegué aquí era libre para encontrar a Sean Mackaoui. No tenía testigos mirando constantemente, metiendo la nariz en lo que hacía…Tampoco me pasaba en Inglaterra, pero quizá sí me sentía más observado y me resultaba más difícil soltarse.  Aquí vine, me busqué la vida y no tenía que justificar nada ante nadie. Podía empezar desde cero y deshacerme, en cierto modo, de mis raíces. Era más libre. Y creo que es una cosa que cada persona tiene que hacer  porque a veces, la familia y las amistades, que son cosas muy importantes, te atrapan, y no te permiten darte el lujo de escapar, porque estás atado. Sin embargo,  cuando estás lejos de todo, si quieres, puedes ser mucho más libre y encontrarte. Por eso vine a España para un par de años y me di cuenta de que estando lejos de la familia y pasándolo muy bien, porque me encontré con gente muy importante aquí, o muy importante para mí, al menos, podía ser yo mismo. Poco a poco fue pasando el tiempo mientras me decía a mí mismo “me quedo un año más”. Un años más, un año más…y este año cumplo aquí 18 años.

P: Y no tiene intención de marcharse…

R: ¡Ah, no, no! Nunca hay que decir nunca, porque cuando lo digo, yo, personalmente, lo hago. Pero si salgo de España no será porque no me guste, sino porque hay otra oportunidad en otro lugar. Pero me gusta mucho España…me encanta (Risas).

P: Cuando se le pregunta por sus héroes de la vida real siempre contesta que son Joan Brossa y Diego Lara. ¿Qué es lo que encuentra tan fascinante en sus obras?

R: Son los maestros para mí. Siempre digo que yo hacía collage pero no entendía cosas como el espacio en blanco o la ironía y aprendí mucho acerca de la sobriedad del espacio con ellos. Era tan sencillo que cuando vi un collage de Diego Lara pensé: “Si él puede hacerlo, yo también”. Antes no me entraba en la cabeza que pudiese hacerse algo tan simple y expresar tanto con ello. Yo he ido aprendiendo por el camino, porque nunca estudié nada, y a lo largo de mi vida he ido encontrando gente que me gusta y de la que he ido chupando ideas. Y Brossa y Lara han sido para mí unos grandes maestros, he aprendido de ellos. El próximo mes de junio voy a hacer una exposición colectiva con Brossa y Madoz en Formentera. Es un gran lujo poder exponer con ellos, con Chema Madoz, que es amigo mío, y con las obras de Joan Brossa. Para mí hacer por fin una exposición con ellos es como un sueño hecho realidad. La sencillez de las obras de Brossa me encanta. Dice tanto con tan poco…esto es lo que me fascina.

Sean Mackaoui

Mis primeros collages estaban muy cargados, y cuando vi la obra de Diego Lara y Joan Brossa aprendí que se puede decir más con mucho menos, y creo que es más difícil, pero bueno, eso ya es mi opinión… (Risas).

P: Joan Brossa decía que “La poesía visual no es un dibujo ni una pintura, sino un servicio a la comunicación”. ¿Qué comunican sus obras?

Cada obra tiene una historia. No hay un ángulo concreto: cada collage tiene su propio ángulo. Lo que a mí me fascina de lo que hago es que casi siempre hay una imagen muy sencilla compuesta por dos o tres imágenes y un título que suele ser puntual. Pero a pesar de que trato de hacer collages de una sola lectura, es decir, desde un determinado y único punto de vista, cada persona ve cosas muy diferentes. Me parece alucinante que en una cosa tan sencilla, con un título, la gente aún así vea cosas muy diferentes. Pero eso me encanta y a veces lo utilizo a mi favor, porque en ocasiones hago un collage que entiendo pero con el que no puedo ser muy específico. Es como que entiendo el concepto pero… le pongo un título y pienso “¡Ah, da igual! Alguien me lo va a explicar”. Y cuando lo vean, una persona me dirá: “Ah, esta obra se titula así porque…” y yo diré “Pues sí” (Risas). Cada collage tiene su historia. Para mí una exposición es como un libro, y cada collage es como un cuento independiente. Si hay, en una misma exposición,  tres collages que tienen que ver con el agua, es suerte. Si hay seis que tienen que ver con un barco, es pura suerte. Es decir, no hago series, porque yo no suelo pensar en lo que voy a hacer, son las imágenes las que me lo dicen. Empiezo a jugar y voy rebotando de una idea a otra dependiendo de lo que surge cuando estoy jugando con las imágenes. El azar es algo que me gusta mucho.

P: ¿Qué hay de Sean Mackaoui en cada una de sus obras?

Un poquito de mala ostia, tal vez un poquito de humor… (Risas) No, realmente busco inspiración en todo lo que me rodea. Música, una portada de un libro, un disco, un título, una cita, incluso recortes que encuentro por azar…hay mucho azar en toda mi obra. Por ejemplo, hay una canción de Kayne West que me encanta. Y estaba haciendo un collage mientras escuchaba esta canción. El título más obvio hubiese sido Cars and girls, pero me parece más divertido poner títulos más abiertos para que cada persona busque en el collage su propia historia. Entonces, escuché una frase de la canción que decía Ride on chrome , y en lugar de llamarlo Carls and girls lo titulé Ride on chrome. No sé, robo de todos los sitios. Las cosas son mucho más casuales, hay menos intelecto en mis obras de lo que tal vez pueda parecer (Risas). Voy robando de todos los sitios. Hay un collage que me gusta mucho titulado “Hollywood is a verb”, que es de un libro de Ed Ruscha, que es sólo de litografía con textos que él mismo ha escuchado tal vez en una cafetería. Como conozco Los Ángeles y me parece muy divertido, pensé que sería perfecto titular a un collage así. Aquí sí empecé con el título, quería decir que Hollywood is a verb. En Hollywood todos quieren ser actores, artistas, es un mundo súper guapo…y el collage fue una excusa perfecta para poner a una mujer en pelotas (Risas). Las cosas van surgiendo a medida que voy trabajando.

P: ¿Cree en el poder redentor del arte?

Sí, supongo. El arte es mi terapia en el sentido de que hago lo que me gusta casi todo el día, incluso el 50% de mi tiempo. No me saco los demonios ni echo veneno cuando estoy trabajando pero sí hay obras más ácidas o que con las que trato de denunciar algo. Como soy medio árabe, hay collages contra la religión o contra la guerra, pero mi trabajo es un modo más de expresarlo, como un escritor puede plasmarlo por escrito. Si realmente el arte es una terapia, para mí es la terapia de la felicidad, porque estoy haciendo lo que realmente quiero hacer y eso, hoy en día, es muy difícil.

P: ¿Qué siente cuando ve una obra suya terminada?

R: ¡Menos mal! (Risas) Casi siempre cuando termino una obra pienso que es la ostia. Veinticuatro horas después la mitad de lo que he hecho ya no vale. Después de una semana, va perdiendo valor. Es muy inusual que seis meses después una obra me siga gustando. Casi siempre cuando terminas una obra piensas ¡Buah, qué bueno!. No siempre pasa, hay algunas obras con las que únicamente sientes que has sido capaz de expresar o de contar algo. Como yo lo que realmente hago con mi trabajo es casar elementos muy diversos, a veces sale bien y otras veces…no tanto. Con los collages en papel no suelo pasar mucho tiempo. Después de dos o tres horas si no veo nada me aburro y lo dejo. Con los objetos es diferente, tiene que pasar más tiempo para empezar a ver resultados. En el collage no hay misterio para mí, es lo que hago. Es recortar y pegar. Y ya está.

P: ¿Cómo es un día normal en la vida de Sean Mackaoui?

R: Bueno, últimamente si es más normal, con una niña hay que tener un poquito más de orden… Soy una persona muy organizada, me gusta el orden, así que para trabajar vengo al estudio, en casa no tengo nada que hacer.  No sé, tengo una vida normal, como la de cualquier otra persona: me levanto, me ducho, vengo al trabajo, hago mis horas y vuelvo a casa para estar con mi familia. Tal vez la gente piensa que la vida de un artista tiene algo de extraordinario, o que un artista es un alma torturada,  que vive sufriendo en una esquina…no, yo soy muy normal y hago las cosas más normales del mundo.

 

 


 

Recortes de Sean Mackaoui

 

Si tuviese que poner título a una obra suya que resumiese, de algún modo, su trayectoria en el mundo del arte, ¿cuál sería?

Poner títulos es muy difícil porque con una palabra puedes decir tantas cosas. ..Tal vez le pondría “Sin título” (Risas), porque siento que no me encuentro ni en el principio, ni en el medio ni, por supuesto, en el final de mi carrera. Así que , sí, le pondría “Sin título”.

¿Qué obra de arte le hubiese gustado crear?

“Concert for Anarchy” (1990) de Rebecca Horn. Es un objeto que vi por casualidad en la Tate Modern de Londres. Se trata de  un piano de cola colgado del techo hacia abajo  que, cada 10 minutos,  cae, la caja se abre y salen todas las piezas provocando un estruendo.  Cuando empecé a hacer objetos lo hice muy inspirado por Rebecca Horn.

Si pudiese ser otra persona y volver a nacer, ¿quién sería?

Elvis Presley. (Risas)

¿Qué es lo que más satisfacción le produce?

Estar con mis chicas.

¿Qué es lo que más detesta?

El fanatismo de cualquier tipo.

¿Cuál es, en su opinión, el mejor sitio para vivir?

El mejor no sé, todos tienen sus cosas buenas y sus cosas malas pero  desde luego Madrid es un sitio fantástico para vivir.

¿Cuál es su mayor hobby?

Recortar y pegar. (Risas)

El mayor  de sus logros

Ser feliz.

¿Qué poder sobrenatural le gustaría tener?

Volar, porque me encanta viajar.

Su lema en la vida

Nunca digas nunca. 

 

 

Rocío Rebollo Pérez. Mayo 2009

Increíble cine documental

•6 mayo 2009 • Dejar un comentario

Hay quienes creen que realidad y ficción siguen siendo territorios opuestos, separados por fronteras infranqueables. Hay quienes se empeñan en convertirlos en universos paralelos. Sin embargo, aún quedan escépticos, visionarios, ilusos, artistas…que se atreven a adentrarse en la realidad a través de otros caminos, a través de otras miradas. Y es que en ocasiones esas fronteras de las que muchos hablan se convierten en un territorio difuso, en un lugar en que toda suerte de sombras chinescas se entremezclan con la visión real del mundo. Al despertar y asomarme a la ventana de la ( ir)realidad, se reafirma en mi la idea de que realidad y ficción son una misma cosa, un mismo paisaje infinito de partículas fragmentadas que se unen a través de la mirada del otro.

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Hace ya unos días que Madrid ofrece esa otra visión del mundo, que conjuga realidad y ficción en una misma mirada. Y es que el Festival de Cine Documental Documenta Madrid 09, que presenta una amplia programación de la que podrá disfrutarse en diversos lugares de la ciudad entre el 1 y el 10 de este mes de mayo, abre las puertas a una realidad hecha arte. Tratar de adentrarse en la gran cantidad de títulos que conforman el catálogo de esta edición supondría un esfuerzo ingente incluso para los verdaderos amantes del cine. Un total de más de 300 películas, de las cuales 107 optan a los premios de las cuatro categorías oficiales, cuya dotación económica asciende a 73.000 €. Una cifra nada desdeñable en el mundo del cine, y menos aún en tiempos de crisis.

Lugares como la FNAC, la Librería 8 y medio, el Círculo de Bellas Artes, la Filmoteca o el Centro Cultural Conde Duque, así como el Teatro Circo Price y el Ateneo de Madrid, las nuevas incorporaciones de esta edición, se convierten, a lo largo de diez días, en pasarela de cortometrajes y largometrajes no estrenados en España, de diversas nacionalidades.

Entre los films que pueden ser visionados en Madrid, pueden citarse algunos que abarcan desde temas tan controvertidos como la tauromaquia –Fiesta, to fight or not to fight, de Luis Cerezo-, hasta Sol, de Javier Aguirre Fernández, que ofrece una visión del barrio de Sol a través de los tiempos, pasando por otros que tocan temas de especial candencia como la inmigración, la guerra… También la sección de reportajes cuenta con una interesante oferta de títulos. Fixing: the taking of Ajmal Naqshbandi, de Ian Olds, que ofrece una visión de la crisis actual en Afganistán a través de historias humanas; Defamation, de Yoav Shamir, acerca del antisemitismo en el mundo actual o Letters to the president, de Petr Lom, una película sobre el actual presidente iraní, son sólo algunos de los ejemplos de los títulos entre los que el espectador puede perderse.

Con la realidad como punto de partida, con esa fracción del mundo que algunos se empeñan en separar drásticamente, surgen obras de arte como éstas, destinadas al olvido y que tan solo adquieren una cierta relevancia social gracias a festivales tan acertados como el que ahora inunda cada rincón de Madrid.

Memorias de un blog destripado

•29 abril 2009 • Dejar un comentario

El primer blog analizado, Enriquedans.com, lleva en activo desde el 21 de febrero de 2003. Desde su nacimiento ha sido actualizado a diario, con algunas excepciones. Ha evolucionado desde posts más personales que caracterizaban su primera etapa a posts meramente informativos. El autor, Enrique Dans, cuenta con un dilatado currículum vitae, y su actividad profesional va desde la enseñanza hasta la investigación de los efectos de las nuevas tecnologías. En su blog, por tanto, se centra en el análisis de las nuevas tecnologías y de noticias relacionadas con el sector tecnológico. En sus últimos posts analiza fenómenos sociales com Twitter o las descargas en Internet, dada la polémica suscitada al respecto desde el nombramiento de la nueva ministra de cultura Ángeles González Sinde. En Cosas que leo incluye una amplia lista tanto de blogs como de cuentas de Flickr recomendadas. Se encuentra en el número 8 del ránking de bitacoras.com. Por último, indica en su página principal las fuentes que emplea normalmente para la redacción de sus posts.

En el puesto número 23 del ránking de bitacoras.com se encuentra uberbin.net, el blog de Mariano Amartino que, a pesar de haber estudiado Ciencias Políticas se dedica al estudio de estrategias para el uso de Internet y las nuevas tecnologías. Precisamente sobre estos temas versan las páginas de su blog, que actualiza a diario, e incluso varias veces en una misma jornada. El blog nació hace ya 8 años, en noviembre de 2001. A pesar de no incluir un apartado específico en el que indique las fuentes utiliazadas, cuenta con elevado número de enlaces externos en sus posts, que permiten al internauta acceder directamente a la información utilizada.

Y, para terminar, otrocine.com, un blog centrado en el análisis y la crítica de películas de cine independiente. Comenzó su actividad en octubre de 2005, y desde entonces ha dedicado sus páginas a obras del pasado y el presente, y se encuentra en el puesto 2332 del ránking de bitacoras.com. Acerca del autor, Javier Angulo Ikazuriaga, no se aporta información en el propio blog, pero leyendo sus cuidadas letras se descubre a un poeta del cine, y es que navegar entre sus páginas es un verdadero placer para los sentidos. En su blogroll podemos encontrar páginas de todo tipo: tanto lugares dedicados al Séptimo Arte como a la literatura, la ciencia o el arte en general. Espacios que tratan de acercar a los lectores rincones desconocidos del conocimiento humano.

Tiempos difíciles

•22 abril 2009 • Dejar un comentario

Corren tiempos difíciles para el periodismo. Curiosa paradoja ésta: la de sentirse cada vez más inutiles, más innecesarios, cuando más se nos necesita, en este mundo que gira sin cesar, al compás del tiempo, al ritmo del viento acelerado. Y esque el periodista ha pasado de mover los hilos de la información a convertirse en un simple títere que se mueve por la absurda inercia del presente, cuyo trabajo pretende ser manejado ya no sólo por quienes ostentan el poder en que se ha transformado la información, sino también por los propios receptores, los lectores diarios de prensa. Aquellos que antaño demandaban información ahora también ofrecen.

Ya no se trata únicamente de un intercambio de papeles, sino de un desplazamiento del periodista, del verdadero profesional de la información, a un lugar recóndito del proceso de producción de la información. ¿Quién es el periodista ahora que todo el mundo puede informar?¿Dónde está su lugar?¿Cuáles son sus funciones? Y, una cuestión que afecta particularmente a quienes ahora sueñan con convertirse en verdaderos periodistas, ¿Sobrevivirá ? No andaba demasiado desencaminada cuando afirmaba que la del periodista es una especie en peligro de extinción.

Me niego a aceptar que ésto que ahora se hace gracias a las posibilidades que ofrece Internet es periodismo. Me niego a aceptar que cualquier persona que posea información relevante pueda ofrecerla al resto del mundo. Me niego a confiar en los cambios cuando no hace falta ser demasiado inteligente para ver que no son para mejor. ¿En que beneficia este supuesto periodismo ciudadano al ejercicio del periodismo?¿En crear más paro entre los profesionales de la información?¿En suplantar al periodista por un internauta cualquiera que realiza el trabajo de manera gratuita?¿En asignar al periodista nuevas funciones que poco tienen que ver con su profesión?¿En infravalorar su trabajo, ya que sus informaciones han dejado de ser las únicas?

¿Acaso estaríamos dispuestos a que  un director de banco nos operase de un cáncer de páncreas?¿O a que un dentista arreglase nuestras tuberías?¿Por qué entonces permitir que se juegue con la información que recibimos?¿Por qué arrebatar al periodista el monopolio de la información? En ocasiones me pregunto si realmente la sociedad avanza, o si nos hallamos en un continuo proceso de retroceso en que los valores van quedando esparcidos a lo largo del camino. Pero un día llegará el final del viaje, llegaremos al destino del que hace ya miles de años partimos, y contemplaremos un mundo primitivo, salvaje, que en poco se parece al futuro con el que yo había soñado.

¿Sindescargas?

•18 abril 2009 • Dejar un comentario

El reciente nombramiento de Ángeles González-Sinde como ministra de Cultura ha suscitado una dilatada polémica entre los internautas. A una semana de la toma de posesión del cargo de la ya ex-presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias, Internet se ha visto inundado de noticias y una oleada de acciones emprendidas por sus detractores a las que acceder mediante un solo click. Todos ellos piden su dimisión, y es que la acogida no ha sido precisamente calurosa.

Las críticas a la nueva ministra se basan en el temor a que emprenda futuras acciones para la regulación del flujo de información en Internet. La propia ministra afirmó que uno de sus principales objetivos será “regular el espacio de Internet”. Estas declaraciones han provocado un revuelo mediático y social, ya que se suman a algunas frases ya célebres de la cineasta, como su no menos polémico “¿Para qué necesitamos todos una línea de ADSL de no sé cuanto gigas? ¿Para mandar e-mails?”.

Además del temor a la imposición de barreras para el intercambio de contenidos culturales a través de la Red, Sinde ha sido acusada de tener intereses personales y familiares exhacerbados en el mundo audiovisual, por lo que muchos consideran que no podrá desempeñar sus funciones de manera neutral y efectiva.

Las redes sociales como Tuenti y Facebook no han quedado al márgen de la polémica. Es más, se han configurado como las máximas difusoras de acciones a favor de la dimisión de la nueva ministra. En Facebook se ha creado el grupo Sinde Pirate!, que a día de hoy, y tan solo dos días después de su creación, ya cuenta con más de 20.000 miembros y una adhesión de dos miembros por minuto. Sin embargo, el grupo Todos con González-Sinde no alcanza los 100 miembros.

Los principales medios de comunicación a nivel nacional se han hecho eco de las recientes declaraciones de la ya apodada ministra Sindescargas. Sus palabras pueden encontrarse tanto en periódicos digitales de la relevancia de ABC, El Mundo o El País, como en medios regionales, pero especialmente en blogs, que han mostrado una mayoritario desacuerdo ante el nombramiento de la nueva ministra.

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Fuentes empleadas para la redacción de este post:

http://publico.es/ciencias/217607/espana/queda/modelo/imitar

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/acaba/chollo/descargas/gratis/elpepisoc/20090417elpepisoc_1/Tes

http://www.larioja.com/20090414/cultura/internautas-piden-cese-angeles-20090414.html

Adivina quién cena con Woody esta noche II

•1 abril 2009 • Dejar un comentario

Hoy escribo de nuevo, con la mirada algo borrosa y el dulce Morfeo susurrándome al oído, queriendo arrastrarme de nuevo a ese mundo de paz y sosiego que es el sueño. Con las mismas manos que hace ya unos días proclamaban esta admiración, quién sabe si pasión, por el genial Woody Allen, en este mismo lugar en que realidad y ficción se funden en un solo cuerpo. Hoy escribo de nuevo, y mis manos se tiñen del color del cielo en verano. Siento derramarse obre ellas una gota de lluvia, que logra impregnar de cine mis entrañas.

El arte y la cultura son temas intensamente tratados en la obra de este cineasta, aunque en él se da un fenómeno extraño a la hora de tratarlos: por un lado, critica tanto la alta cultura como la cultura popular, la de los medios de comunicación. A los intelectuales y pseudointelectuales que parodia en sus films. Pero por otro lado, es considerado uno de los más relevantes cineastas del s. XX, además de ser un gran intelectual con amplísimos conocimientos. Es decir, lleva a cabo una desacralización de la cultura en la que se halla inmerso y de la que forma o ha formado parte a lo largo de su vida, tanto en su pasado televisivo, como en su presente cinematográfico. Critica aquello que ama, se atreve a parodiar aquello que él mismo es. En él se da una posición de ambivalencia frente a la cultura, ya que la ataca al igual que la defiende, del mismo modo que ataca a los intelectuales siendo él mismo uno de ellos.

Woody Allen no es tan solo un intelectual, sino también un artista de esos que ya no se fabrican. Cree tanto en el arte, ha estado tan estrechamente unido a él desde sus largas horas de infancia acomodado en las butacas de los cines de Brooklyn, confía tanto en su poder y en su capacidad para otorgar un sentido a su existencia, que el hecho de que el arte se halle estrechamente ligado a la industria, al negocio en el que se ha convertido, le lleva, no a abandonarlo, pero sí a introducir entre sus líneas críticas feroces a aquello en lo que se ha convertido. En sus films, que se alejan de todo convencionalismo cinematográfico hollywoodiense, trata de acabar, en clave de comedia, con los mitos del cine.

Su manera de hacer cine no se asemeja en nada al modo de hacer cine del resto de cineastas norteamericanos: sus presupuestos son moderados, si comparamos con las cifras astronómicas que se manejan en Hollywood; su cine se renueva constantemente, a pesar de seguir una línea común a lo largo de los años; supone un reflejo claro y realista de la sociedad, con personajes que representan modelos claramente reconocibles y en los que el espectador puede verse reflejado, a pesar de la vis cómica que les acompaña. Su forma de tratar las relaciones humanas, sentimientos que todo ser humano experimenta a lo largo de su existencia, convierte sus obras en análisis sociológicos y psicológicos del hombre del s. XX y XXI.

Al analizar la obra de Allen se habla de desacralización de la cultura, ya que se ha consolidado como un gran desacralizador de las convenciones sociales de la cultura occidental. Un innovador. Allen es, a su manera, un revolucionario del cine, que ha logrado configurar un estilo propio y fácilmente reconocible, que pasará a la posteridad por su unicidad, su talento para hacer reír, y la capacidad de psicoanálisis del hombre, que lleva al espectador a un estado de reflexión sobre sí mismo y sobre la sociedad en que se halla inmerso.

En cuanto a las figuras del artista y el intelectual en su extensa obra, son elementos muy recurrentes que pueden encontrarse ampliamente representados, además de en su personaje autobiográfico, en otros muchos personajes que dan vida a sus películas.

El arte y la cultura son temas que le preocupan especialmente, por lo que todas sus películas están impregnadas de un cierto aroma intelectual. Intenta, en su cine, hacer descender un escalón los elevados temas filosóficos y existenciales que tanto le interesan, de modo que sean más accesibles para el espectador que, aun inmerso en las risas que las situaciones creadas por Allen provocan, reflexiona sobre cuestiones tradicionalmente reservadas a un ambiente intelectual y culto, alejado del común de los mortales.

Ya que el arte y la cultura parecen haberle salvado de muchas ocasiones dolorosas a lo largo de su vida: le han servido de refugio en momentos de soledad, ante divorcios o rupturas, fracasos, depresiones, crisis existenciales… Ya que parecen haberse convertido en medicinas calmantes, en drogas que se llevan por delante el dolor, Woody Allen, consciente de que su caso no es único en el mundo, y de que la expresión artística ha sido siempre un modo de expresar aquello que uno lleva dentro, trata en todas y cada una de sus películas, en mayor o menor medida, el modo en que inciden el arte y la cultura en la vida de sus personajes.

Pero no por ello se dedica a enaltecer el arte y la cultura, situándolos en una vitrina que los proteja del viento y la lluvia. Por el contrario, Allen no duda en atacar a los intelectuales en sus obras: su superficialidad, su pedantería, la verborrea que esconde desamparo y neurosis. Se atreve, incluso, a poner en duda el valor absoluto del conocimiento. Lamenta y critica la desintegración del arte, la conversión de éste en un objeto más de consumo dentro de nuestro amplio y globalizado mercado. Aún a sabiendas de que no le queda otra que introducirse en el mercado si realmente desea seguir viviendo del cine.

El artista, según Allen, no se hace, sino que nace. Por tanto, el proceso de búsqueda de la vocación artística que sufren muchos de sus personajes es absurdo, ya que, por mucho empeño que pongan, nunca lograrán convertirse en artistas. Allen, por tanto, distingue entre dos tipos de artista: el artista por simulación y el artista que ha nacido con ese don. El artista por simulación es todo aquel sujeto que se comporta como un artista para dar una imagen pública que no se corresponde con la realidad. No posee ningún talento, pero no rechaza por ello la posibilidad de mostrarse ante el mundo como un artista falsificado, que no tiene más que palabras, ya que el arte nunca le fue dado. El artista real, por el contrario, es aquel que ha nacido con algo especial, con un don que pocos poseen y muchos ansían. Aunque no quiera, aunque reniegue de su virtud, el artista nunca dejará de ser artista, se dedique a la pintura o venda seguros de puerta en puerta.

El arte parece obrar en sus películas como un medio de salvación para personajes perdidos existencialmente.  Según Allen, el arte aporta estabilidad a nuestras vidas. Aporta un sentido a la existencia, aún cuando todo juega en su contra. Es la ventana siempre abierta a la esperanza, donde se han refugiado tanto él como sus personajes y, ¿por qué no?: también nosotros.

Para terminar, , una idea de la que Allen ha hablado y con la que dio comienzo a una de sus últimas películas: Match Point. Y es que, en su opinión, no basta con haber nacido artista, sino que, junto al talento hay que contar con una cierta dosis de azar y suerte.

Aquél que dijo más vale tener suerte que talento conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuantas cosas escapan a nuestro control. En un partido, hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red. Y durante una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue hacia adelante, y ganas. O no lo hace, y pierdes”.


En la vida ocurre lo mismo. Ganar o perder, llegar o no al lugar por el que luchamos, depende, en cierta medida, de la suerte. Mientras tanto, y para alivianar la larga y a veces ardua espera, el arte y la cultura irán a donde nosotros vayamos. Nos seguirán en nuestro camino. Fortalecerán nuestro espíritu. Y serán nuestro refugio si perdemos.

Fuentes empleadas para la redacción de este post:

www.woodyallen.com

www.filmsite.org

www.senseofcinema.com

www.miradas.net

Sólo apto para nostálgicos

•31 marzo 2009 • Dejar un comentario

Como si de diminutas gotas de agua se tratase, el tiempo se diluye entre nuestras manos. Resbala hasta fusionarse con nuestros cuerpos, y se lleva con él todo aquello que creíamos nuestro. Aquello a lo que habíamos terminado por acostumbrarnos. Y en nosotros no queda más que esa húmeda huella en la arena que, de nuevo, el tiempo terminará por borrar, ayudado por el viento.Y ¿qué nos quedará entonces, si no lo desconocido? Lo novedoso. El futuro. Aquello que al nacer está ya destinado a desvanecerse, tarde o temprano, ante nuestros ojos atentos. Y una lágrima caerá solitaria, recorrerá mi mejilla y se depositará en mis labios, para poder así saborear la última gota del recuerdo. Antes de que el tiempo pase y barra mi pasado. Porque nada es eterno.

El periódico del futuro

El periódico del futuro

Tampoco el periodismo escapa al cambio, a la evolución constante que sufrimos. A esa vorágine irrefrenable de mutaciones que afectan a todo aquello que nos rodea. El periodismo del pasado, con el que muchos nacimos, está destinado a convertirse precisamente en eso: simple pasado. En un recuerdo lejano, una historia curiosa que contar a nuestros hijos, en el mejor de los casos a nuestros nietos. Las corrientes catastrofistas, que auguran la muerte del periodismo, se imponen a aquellas que creen que una pantalla jamás podrán sustituir por completo al papel. Que el olor a tinta y el tacto de sus páginas cerradas, que el lector va descubriendo a cada golpe de muñeca, son insustituibles, al menos, para quienes han crecido con ello.

No quiero escuchar las voces del futuro. Quizá me estén llamando, quizá quieran llevarse con ellas a este periodismo en el que siempre creí. “Estamos pensando en prenderle fuego a la prensa” “La prensa digital superará en ingresos a la prensa escrita” “Las noticias se servirán en botellas de cerveza”. Quizá tengan razón quienes afirman esto con total seguridad. Quizá sean estas voces profetas de la verdad, de ese futuro cercano que aún está por llegar.

Me niego a creer que los lectores de prensa tradicional dejarán de existir, que estas nuevas generaciones que nos relevan crecerán sin un libro entre las manos.Porque sí: los cambios asustan. Y especialmente cuando algunos luchan con acabar con tradiciones que no deberían morir nunca. A algunos aún nos queda la esperanza de que el papel siga vivo. Aquella esperanza que quedó encerrada en la caja de Pandora, inmune al paso del tiempo, a salvo para la eternidad.

Y, mientras escribo, el tiempo se diluye entre mis dedos…

Fuentes empleadas para la redacción de este post:

http://www.jrmora.com/blog/2009/03/23/el-futuro-de-la-prensa-de-papel/

http://www.rosajc.com/2008/04/11/el-futuro-de-la-prensa-impresa/

http://elpatiodeatras.com/blog/2008/06/05/el-futuro-de-la-prensa-digital

http://www.youtube.com/watch?v=nq3EeZz-W3A

http://lainformacion.com/

Adivina quién cena con Woody esta noche

•21 marzo 2009 • Dejar un comentario

No puedo resistirme. Las palabras me llaman, y  mis manos me incitan a seguir escribiendo. Incluso en mis sueños se imprimen imágenes que me recuerdan a él: a ese cine que me hace soñar, que me hace sentir, a veces reir e incluso llorar. A sus relatos cargados de humor y surrealismo. A ese genio del s. XX. Genio de la comedia, pero también del drama, del retrato y la abstracción en el arte. Ese hombre capaz de hacerme permanecer sentada durante horas, quién sabe si días. Porque mis ojos no pueden alejarse de él, de su cine, de sus palabras, e incluso de las palabras que otros escriben o han escrito sobre él.

Woody Allen

Woody Allen me inspira en cualquier momento del día o de la noche. Este blog debe su nombre a una de sus obras más perfectas, La rosa púrpura del Cairo. Y aprovecho este momento y este lugar para continuar mi homenaje a este genio del cine y el humor.

larosapurpuradelcairo

Quizá fuese más sencillo comenzar con un relato convencional el acercamiento a la obra de Woody Allen, pero no hay nada, ni en su vida real ni en su arte, remotamente convencional. Por lo tanto, quedan desechados toda clase de tópicos y convencionalismos.

Quizá, en un mundo lejano, muy muy lejano en tiempo y espacio, podría comenzar con las siguientes palabras: “Y, tras largos años de trabajo y aprendizaje, tras arduas horas de biblioteca, estudio e investigación, nació su primera película”. Pero nada de esto sirve para hablar de este peculiar artista que, un buen día, decidió hacer cine.

A la hora de analizar su obra es preciso configurar en la mente del que lee, como en su momento ocurrió en la de quien ahora escribe, una breve panorámica de la vida personal de Allen, fundamentalmente de su infancia. El por qué de esta necesidad se halla en el hecho de que su obra al completo está impregnada de ciertos tintes autobiográficos, de tal modo que, en ocasiones (las más), es difícil distinguir la ficción de la realidad.

Siguiendo la línea cronológica del tiempo, y buscando el punto originario de todo su cine, nos remontaremos a la infancia del cineasta.

Allan Steward Konigsberg, nombre real que, desde los comienzos de su carrera artística tomó la decisión de suplir por el pseudónimo Woody Allen, no tuvo una infancia plenamente feliz. A pesar de su elevado coeficiente intelectual, su odio por la escuela le llevó a convertirse en un niño rebelde, desobediente, que no hacía los deberes y causaba problemas a los profesores.

De fisonomía enclenque, cabello “rojo”, por el que fue apodado “Red” durante sus años de escuela, y debido a su naturaleza poco sociable, Woody pasó una infancia solitaria que le llevó a encerrarse en la cultura desde muy temprana edad. A los tres años descubrió el cine, cuando su madre le llevó a ver Blancanieves. Desde ese momento, las salas de proyecciones se convirtieron en su segundo hogar, el cual aún no ha abandonado.

Además del cine, demostró desde muy joven un especial gusto por el deporte, la música, en particular el jazz, y la magia, elementos recurrentes en algunas de sus películas.

A los dieciséis años de edad ya enviaba chistes a los principales periódicos neoyorquinos, por lo que, para que nadie le reconociese por el nombre en el caso de que sus chistes fuesen publicados, decidió adoptar el apodo de Woody Allen que le ha acompañado a lo largo de su extensa y prolífica carrera cinematográfica.

Se inició en el arte como redactor cómico en programas de televisión. Pero no tardó en cansarse de este oficio en el que otros interpretaban sus propios chistes. Allen podía, mejor que nadie, hacer reír al público con sus gags cómicos y su peculiar interpretación de ellos, por lo que decidió abandonar la televisión y dedicarse a la stand-up comedy durante ocho años de su vida.

Fue en 1964 cuando comenzó su carrera cinematográfica, con la escritura del guión de What´s new, Pussycat?, dirigida por Clive Donner y Richard Talmadge, y protagonizada por actores de la talla de Peter Sellers, Peter O´Toole, Ursula Andress y el propio Woody Allen. Descubierto por el productor Charles H. Joffe en 1958, la suerte y el azar parecen haber jugado un gran papel en su trayectoria artística.

Pero sus andanzas en el mundo del cine no habían hecho más que comenzar. En su siguiente film se lanzó a la dirección, y no la ha abandonado a lo largo de su carrera más que en contadas ocasiones.

Desde ese momento, Woody Allen ha estrenado a un ritmo de película por año. Un ritmo frenético que, sin embargo, no ha incidido en la calidad de sus films.

A pesar de que su obra sigue una línea inquebrantable, con elementos fácilmente identificables y asociables a la divina mente creadora del autor, tanto por extensa como por rica en contenidos, puede dividirse en varias etapas, no demasiado estrictas, pero que han supuesto una continua evolución en su proceso creativo.

En primer lugar, la que comprende los diez primeros años de su vida en el cine: 1966-1976. Se trata de una etapa de cariz cómico, con gran influencia de la stand up comedy, y con films basados, fundamentalmente, en la sucesión de gags cómicos sin demasiada cohesión entre sí.

En esta época puede apreciarse, con mayor facilidad, la influencia de actores cómicos tan relevantes como Chaplin, Buster Keaton, los Hermanos Marx y Harold Lloyd. Al igual que estos, Woody Allen creó, desde un primer momento, un personaje recurrente que aparecería en todas sus películas como un elemento que aporta unidad además de lograr, poco a poco, conectar con el público y convertirse para los espectadores usuales de los filmes del director, en un sujeto adorado con el que todos acaban conectando, de un modo u otro.

Desde su primera película como director, Toma el dinero y corre, Charles H. Joffe se convirtió en el productor de sus películas. Además de ésta, quedan incluidas en esta primera etapa, tanto por época como por temática, Bananas, Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo (y nunca se atrevió a preguntar), El dormilón y La última noche de Boris Grushenko. En esta última, Allen introduce, aún mezclado con el humor de lo absurdo, temas de mayor trascendencia, homenajeando al gran Ingmar Bergman así como las novelas de Dostoievski. Pero no será hasta su siguiente film, el que abre, precisamente, la siguiente etapa de su producción, cuando incorpore de manera definitiva el tratamiento de temas “serios” en sus películas.

Sin abandonar el humor, pero alejándose del absurdo que había empañado sus orígenes (no por ello menos geniales), las películas de la época de mayor esplendor del cine de Woody Allen se impregnan de un sabor agridulce, teñidas de un humor más inteligente y con temas trascendentales como las relaciones humanas, el sexo, la cultura o la muerte como telón de fondo.

Annie Hall supone un punto y aparte en su obra. La apertura de una nueva ventana al arte, de una visión del mundo diferente, que le convertirá en uno de los mejores directores de cine para el público europeo, donde goza de mayor acogida que en EE.UU.

1977 será, por tanto, el año de los cambios. Especialmente cuando, un año más tarde, decide iniciarse en un cine dramático, que sigue la estela de Bergman, y que abandona por completo la comicidad. Interiores será la primera de esta serie de películas en las que trata de dejar a un lado la vis cómica que lleva dentro por naturaleza e invocar a la musa que siempre deseó haber conocido: la musa dramática.

Con Manhattan, en 1979, recuperará el tono de Annie Hall, y logrará convertirla en uno de los hitos cinematográficos de la historia. A ésta le seguirán Recuerdos, La comedia sexual de una noche de verano, Zelig, Broadway Danny Rose y La rosa púrpura del Cairo.

Con Hannah y sus hermanas Allen regresa a la grandeza de obras como Annie Hall y Manhattan, para retomar, posteriormente, sus experimentos al más puro estilo Bergman con Septiembre. Días de radio, Otra mujer, Delitos y faltas, Alice, Sombras y niebla y Maridos y mujeres cierran este período espléndido en la creación cinematográfica del neoyorkino.

Poco a poco Allen va despojándose de las pretensiones elevadas de antaño, en un proceso progresivo de abandono de lo trascendental y profundo, que comienza con Misterioso asesinato en Manhattan, pasando por Balas sobre Broadway, Poderosa Afrodita, Todos dicen I love you, hasta llegar a Desmontando a Harry, un efímero regreso al cine bergmaniano.

Tras algunas obras superfluas, en las que regresa a la comedia carente de excesivas pretensiones, vuelve, poco a poco, al cine reflexivo con Melinda y Melinda, y los espectadores asisten a la “resurrección” del más puro estilo alleniano en Match Point, con un nuevo elenco de actores, algunos de los cuales volverán a aparecer en futuras películas de manera casi sistemática.

En los últimos años Allen nos ha sorprendido con algunos films más mediocres, como Scoop, la insulsa El sueño de Casandra y la divertida pero carente de fuerza Vicky Cristina Barcelona, estrenada a finales de 2008.

La obra de Woody Allen esconde, especialmente a partir de Annie Hall, además de elementos cómicos únicos y extraordinarios, una visión del mundo actual, un retrato del hombre contemporáneo, con sus defectos y virtudes, sus pequeñas y grandes imperfecciones, sus miedos, sus fracasos… un retrato vivo del hombre real que pocos se atreven a mostrarnos pero que Allen realiza con pinceladas tan seguras como artísticas. Y aunque en ocasiones aterre el hecho de sentirse tan sumamente identificado, en el fondo, eso nos gusta. Y es el motivo fundamental por el que el espectador se siente tan unido a los personajes de sus películas, y he aquí uno de los motivos por los que causa tanta aversión como afinidad: la afinidad de quienes aprenden de la visión ajena de sus propios problemas, la aversión de quienes temen mirarse al espejo y ver lo que ocurre al otro lado.

Particularmente en la época de esplendor de su arte, a partir de Annie Hall, Allen nos fuerza al análisis y la reflexión, provocando en el espectador un sentimiento de identificación con el personaje, e incluso de incomodidad por verse reflejado. Consigue estructurar un relato complejo de la sociedad del s. XX, alabando sus virtudes, condenando en clave cómica sus defectos.

Así, observamos que Allen va alternando períodos cómicos con períodos dramáticos y otros más puramente allenianos, que combinan el tratamiento de problemas sociales con el humor inteligente que le caracteriza.

Continuará…

Pasen y vean

•11 marzo 2009 • Dejar un comentario

Internet abre sus puertas, ya no sólo a los ojos del internauta, del ciudadano ávido de información, sino también a sus manos, que se deslizan por el teclado creando un sinfín de formas.

El lector de hoy en día en poco o nada se asemeja al de antaño, a aquél lector de prensa prehistórico cuya posibilidad de interactuar con el medio se reducían a la adquisición del periódico y al manejo de sus páginas.

Pasen y vean…y no se conformen con mirar.  Nadie queda exento de participación en esta nueva era de las telecomunicaciones, en el universo interactivo en que nos movemos. Opinar es gratis, y publicar en los medios de comunicación esas opiniones que, anteriormente, no tenían valor, es ahora más sencillo que nunca. ¿Es este el origen de la democracia informativa? ¿o no es más que una táctica pseudo-publicitaria para crear una buena imagen pública y evitar el descontento del internauta?

Sea como sea, la realidad es que los medios digitales actuales ofrecen al usuario un mayor o menor grado de interactividad con el periódico o portal de noticias. Y qué mejora manera de hablar de la interactividad de los medios digitales que mediante el análisis de tres portales que ofrecen servicios muy diversos:

El País, uno de los más importantes medios de comunicación de este país, ofrece algunas posibilidades de gran interés para el usuario, como el Yo, periodista y el apartado Talentos. El primero de ellos, permite al usuario enviar sus propias informaciones y convertirse en periodista por un día en ese nuevo y supuesto “periodismo ciudadano” del que muchos hablan. Talentos, por su parte, se trata de un lugar de expresión artística, un rincón para la liberación del genio creativo. Vídeos, música, fotografía, literatura…todo tiene cabida en este espacio reservado al artista que desea compartir sus obras con el mundo.

Por otro lado, el portal Terra permite al usuario la participación en foros y chat de libre acceso. Sin embargo, no facilita el comentario de noticias ni otro tipo de interactuación, como en envío de archivos propios, por lo que resulta algo incompleta.

Sin embargo,  el marcador Menéame está compuesto por informaciones enviadas por los usuarios, por lo que en él se halla el ejemplo perfecto de la interactividad. Se trata de una página de gran interés por su actualización constante y por su enlace inmediato con las páginas de las que proceden las información.

 

Es momento de dejar atrás el pasado, de asimilar la nueva concepción de la información. Hoy tu opinión también cuenta. Tú eres el protagonista.

Querido bebé,

•7 marzo 2009 • Dejar un comentario

“Yo soy yo y mis circunstancias” Ortega y Gasset

Antes de nada: yo no tengo 102 años como el hombre del anuncio de Coca Cola. Tampoco te escribo para decirte que estás aquí para ser feliz: para eso ya está la publicidad. Simplemente quiero hablarte de tí y de mí, y de esa amplia distancia que nos separa. Puede que sea algo normal esta fobia mía a lo nuevo. Que este temor a los cambios sea una simple etapa más de este proceso de madurez. De la evolución humana. Y esque siento como si ya no tuviera nada que ver contigo. Como si hubiese pasado a formar parte de una generación anticuada, algo perdida en el tiempo, anclada ya en el pasado.
Me gusta suponer que no soy la primera en sentirse desubicada en el tiempo. Que nuestros padres y abuelos sufrieron lo mismo, aunque en su caso de manera más brusca. Al fin y al cabo, tú y yo no somos tan distintos, aunque la rápida evolución tecnológica que caracteriza a esta nueva Generación Multimedia haga que las distancias crezcan a pasos agigantados.

Este mundo que va surgiendo a mi alrededor mientras yo trato de agarrarme con fuerza a mis raices, me es cada vez más extraño. Tú y yo ya no hablamos el mismo idioma. Y la simple idea de dejar atrás aquello con lo que me he criado, me aterra. Pero el tiempo no se detiene. Ni para tí, ni para mí.

Querido bebé: tú ya eres un nativo digital. Y algún día sentirás lo mismo que yo ahora siento.

El término nativo digital fue acuñado por Mark Prensky en 2004, en su ensayo La muerte del mando y el control. También en ese momento nació el inmigrante digital: ese ser tecnificado que aprendido el idioma del nativo, pero que aún conserva ese acento que le diferencia.

El nativo digital, por el contrario, ha nacido con la tecnología bajo el brazo: la maneja a la perfección como si de su idioma natural se tratase. Hace girar su vida en torno a ella, ya que no ha aprendido a prescindir de sus servicios. No solo emplea la tecnología de manera habitual, sino que también ha logrado hacerla suya, adoptándola como mecanismo para la expresión y la creación. El  nativo digital es, al fin  y al cabo, un sujeto altamente dependiente, que probablemente no sepa llegar a casa sin ayudarse de su GPS.

Podría ser, el nativo digital, un engendro de la ciencia.

Pero lo que también es evidente es que no todos los hijos de esta generación son nativos digitales, idea que sea caricia en Born Digital, la obra de John Palfrey y Urs Gasser. El hecho de que no todos los nacidos en una misma generación temporal sean nativos digitales se debe a que la pertenencia a este grupo no depende únicamente de la edad. Aún existen en el mundo millones de personas que o tienen acceso a las nuevas tecnologías, que no cuentan con acceso a Internet en sus hogares. Que viven aislados, ajenos a la Generación Multimedia. Además de estas personas cuyo aislamiento se debe a la falta de recursos, existe otro grupo amplio que decide voluntariamente mantenerse al margen de la tecnología. O al menos no introducirse de lleno en esta nueva generación marcada por la rápida evolución de las tecnologías.

Así, estos autores, llevan a cabo una división basada en la edad y el comportamiento de los sujetos: por un lado están los auténticos nativos digitales, nacidos con la tecnología y que se  hallan inmersos en el mundo digital; por otro lado, aquellos que pertenecen a la generación por haber nacido en ella, pero que no viven “digitalmente”. Además, existen los que  no nacieron en la generación digital pero viven como si así hubiese sido; los llamados inmigrantes digitales, que no pertenecen a esta generación ni viven de ese modo, pero que realizan esfuerzos para adaptarse a los nuevos tiempos y,  finalmente, aquellos que no nacieron en la era digital y que tampoco tienen acceso a las nuevas tecnologías.

Y es que no importa dónde nazcamos, ni siquiera cuándo ni cómo. Somos nosotros quienes decidimos quiénes somos, ya que, a pesar de que las coordenadas espacio-temporales nos condicionan, no son ellas quienes eligen nuestro futuro. Ahora más que nunca, nuestro futuro está en nuestras manos.

 
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