Tiempos difíciles
Corren tiempos difíciles para el periodismo. Curiosa paradoja ésta: la de sentirse cada vez más inutiles, más innecesarios, cuando más se nos necesita, en este mundo que gira sin cesar, al compás del tiempo, al ritmo del viento acelerado. Y esque el periodista ha pasado de mover los hilos de la información a convertirse en un simple títere que se mueve por la absurda inercia del presente, cuyo trabajo pretende ser manejado ya no sólo por quienes ostentan el poder en que se ha transformado la información, sino también por los propios receptores, los lectores diarios de prensa. Aquellos que antaño demandaban información ahora también ofrecen.
Ya no se trata únicamente de un intercambio de papeles, sino de un desplazamiento del periodista, del verdadero profesional de la información, a un lugar recóndito del proceso de producción de la información. ¿Quién es el periodista ahora que todo el mundo puede informar?¿Dónde está su lugar?¿Cuáles son sus funciones? Y, una cuestión que afecta particularmente a quienes ahora sueñan con convertirse en verdaderos periodistas, ¿Sobrevivirá ? No andaba demasiado desencaminada cuando afirmaba que la del periodista es una especie en peligro de extinción.
Me niego a aceptar que ésto que ahora se hace gracias a las posibilidades que ofrece Internet es periodismo. Me niego a aceptar que cualquier persona que posea información relevante pueda ofrecerla al resto del mundo. Me niego a confiar en los cambios cuando no hace falta ser demasiado inteligente para ver que no son para mejor. ¿En que beneficia este supuesto periodismo ciudadano al ejercicio del periodismo?¿En crear más paro entre los profesionales de la información?¿En suplantar al periodista por un internauta cualquiera que realiza el trabajo de manera gratuita?¿En asignar al periodista nuevas funciones que poco tienen que ver con su profesión?¿En infravalorar su trabajo, ya que sus informaciones han dejado de ser las únicas?
¿Acaso estaríamos dispuestos a que un director de banco nos operase de un cáncer de páncreas?¿O a que un dentista arreglase nuestras tuberías?¿Por qué entonces permitir que se juegue con la información que recibimos?¿Por qué arrebatar al periodista el monopolio de la información? En ocasiones me pregunto si realmente la sociedad avanza, o si nos hallamos en un continuo proceso de retroceso en que los valores van quedando esparcidos a lo largo del camino. Pero un día llegará el final del viaje, llegaremos al destino del que hace ya miles de años partimos, y contemplaremos un mundo primitivo, salvaje, que en poco se parece al futuro con el que yo había soñado.

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